viernes, 25 de abril de 2014

Opinión del artículo “Escribir programas interactivos“ de Xavier Berenguer


Hasta no hace mucho tiempo, el ser humano mantenía una relación con las máquinas algo distante en términos de interacción. Se podría resumir desde el punto de vista de "herramienta facilitadora de acciones" ya sea para acelerar el trabajo manual o bien realizar tareas imposibles físicamente. Mientras que desde el campo artístico no era siquiera agradable la idea de la máquina en medio de las personas.
 
TODO CAMBIO. CAMBIO TODO.
De aquella revolución industrial, siguiendo por el desarrollo del primer computador y la adecuación paulatina de los softwares para el uso generalizado de los usuarios; esta relación ha ido mutando.
 
Con el avance de la tecnología, varias herramientas hoy abarcan más que reacciones a nuestras acciones. Existe un ida y vuelta constante que hace de esa interrelación una experiencia de conocimiento personal,  amoldado a los tiempos e ideas del humano interactuante. Siendo en ciertos casos el resultado, un aprendizaje exponencial del conocimiento, producto de una realidad virtual con parámetros concretos extraídos de la propia realidad y presentes en “programas informáticos”.
Esto nos brinda la posibilidad de experimentar aquello que en términos empíricos (reales) no estaría al alcance de nuestras manos, por cuestiones espacio temporales o incluso por impedimentos motores. Pero en la medida que esta brecha de experimentación se rompe, el conocimiento avanza con mayor aceleración y de esta forma su retroalimentando al sistema.
 

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